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Cosas que no deberíamos encontrarnos en el mar

A finales de la semana pasada me sorprendía la noticia de que Vizcaya potenciará su atractivo surfero con la primera ola artificial de Europa. ¿Deberíamos alegrarnos? Me pregunté. El caso es que la sensación que me inundó fué la de que estamos necesitados de éste tipo de inciativas para saciar unas necesidades que si todos nos comportáramos como es debido tendríamos cubiertas gracias a la madre naturaleza.

Para el que desconozca la situación, en Mundaka contamos con una de las olas más famosas del mundo que por culpa de una muy mala gestión del dragado de la zona estuvo a punto de desaparecer.

Finalmente el curso de la ola superó todas las dificultades y volvió para alegria de los locales y visitantes al circuito mundial.


Gracias a la presión de los surfistas, el caso de la ola de Mundaka fué lo suficientemente mediático como para que la gente se implicara. Y es que son ellos los que en muchos casos sacan a personas al borde del ahogamiento del agua, y recogen bastante de la basura que queda en las playas y en el agua. Siendo ellos los que más horas al año pasan en las playas son los que más respetan el entorno.

Ese es el caso de la campaña 'Make Waves. Farmers’ Market' promovida por la Surfrider Foundation de la que me he enterado hoy vía Soitu. En ésta campaña los surfistas han decidido empaquetar al más puro estilo supermercado los diferentes deshechos que se encuentran en las playas. Con precio y todo!



Como podéis observar a continuación un self service con cosas que tristemente todos nosotros hemos visto alguna vez en la playa.


Condones, Newport Beach, California

La fundación calcula que cada día se vierten más de 6 millones de litros de basura al mar.
Precio: 1,36 dólares.














Colillas de cigarrillo, Venice Beach, California

Cerca de 200 millones de libras (unos 90.600.000 kg) de colillas son desechadas cada año solamente en Estados Unidos, según la 'Surfrider Foundation'.
Precio: 1,59 dólares.













Bocados de espuma de poliestireno, Long Beach, California


En lugar de degradarse, el plástico se deshace en pequeñas partículas que son ingeridas por los peces. Éstos acaban muriendo envenenados.

Precio: 1,02 dólares.












Barra de condominium, Poipu, Hawai


Este ladrillo hace alusión a la destrucción de los litorales costeros causada por el desarrollo urbanístico. Cada año, según la fundación, 20.000 acres (unas 8.000 hectáreas) de hábitat natural son destruidas por esta razón.

Precio: 2,93 dólares.











Sorpresa de plástico, Galveston Beach, Texas

En algunas regiones del Pacífico, el plástico supera seis veces en número al plancton.
Precio: 2,03 dólares.














Pack de pesticidas, South Padre Island, Texas


Dos botes oxidados denuncian la presencia de herbicidas, pesticidas y metales pesados en nuestros océanos.

Precio: 1,59 dólares.

Comments for this entry

Grup Medi Ambient Anoia Sud

Una forma muy gráfica de concienciar sobre miles de desechos que van a parar al mar. Lástima que los hayan empaquetado en bandejas de espuma de poliuretano, que ellos mismos denuncian. Podían haber usado bandejas de cartón...
Los pequeños detalles son importantes.

Salud!
Josep

Anónimo

En una sociedad en que actuamos como consumidores antes que como "personas", la única manera que nos fijemos en la mierda que tiramos en las playas... es ¡presentarla como un bien de consumo! Felicidades por la iniciativa.

Francesc

 

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